viernes, 17 de octubre de 2014

Cómo hacer un sello de corcho para nuestras estilográficas de émbolo.

La mayoría de nosotros tenemos estilográficas de más de 50 años con sistema de carga a émbolo. En aquella época el uso del plástico no estaba tan extendido como lo está hoy, por lo que es muy posible que el pistón de aquellas sea de corcho. Los sellos hechos a partir de la corteza del alcornoque no son eternos, y después de 50 años lo más seguro es que alguno falle, si no la gran mayoría. 
Seguro que en algún momento os ha dado problemas el sistema de carga; no carga bien, gotea tinta por el plumín o sale por el culote, ... ¡No hay que alarmarse! Es el momento de cambiar el corcho por uno nuevo. Lo más lógico es dejar la pluma en manos de algún especialista, pero, si os aventuráis a fabricar uno nuevo y cambiarlo con vuestras propias manos, es posible que algo de lo que cuento a continuación os sea de interés.

Algunas de esas plumas de émbolo son sencillas de desmontar, ya que van a rosca y no están muy duras. Ya no me acuerdo cuál fue la primera que desarmé, pero el émbolo se desenroscaba con facilidad. Unido a que la pluma no era de gran valor, me lancé a cambiarle un corcho por mí mismo. No os hacéis a la idea el tiempo que invertí y los tapones de vino que malgasté hasta dar con uno bueno. 


A raíz de aquella primera me puse a investigar sobre cómo hacer sellos para plumas, y, a diferencia de otros temas, no encontré mucha información en la red. Fotos hay muchas, pero en pocos lugares se habla de cómo hacer un sello de estilográfica o qué tipo de corcho usar.
Después de infinidad de corchos cambiados, descubrí que no todos valen para sellos y que es necesario tener alguna herramienta para no romper la pieza en la que trabajamos. Es por eso que he decidido compartir lo poco que sé, por si a alguien le resulta de utilidad.







El corcho. Historia, generalidades y propiedades.

Un poco de historia del corcho en España.

El corcho fue utilizado por el hombre desde tiempo inmemorial, existiendo pruebas de su empleo en el taponamiento de vasijas, ánforas y como material de flotación en artes de pesca, por parte de egipcios, griegos y romanos. Además de esos usos, los árabes lo utilizaron para el aislamiento térmico de viviendas, así como para trabajos de ornamentación y utensilios domésticos, y los chinos para la elaboración de zapatos. No obstante, mirándolo desde una perspectiva más actual, su aceptación y uso industrial fue a raíz del descubrimiento del vino de champagne (o vino espumoso) en la segunda mitad del siglo XVII por el monje benedictino D. Pierre Perignon. Además de las botellas de vino, necesitaron un taponamiento hermético para evitar la evaporación del líquido. La solución la encontraron en el corcho.

Es por eso que la producción de corcho en España, inevitablemente, va ligada a los tapones de embotellado de botellas de vidrio. Gracias a ellos se dejaron de usar los sistemas empleados hasta este momento (trapos, cáñamo aceitado, madera, ... ). La industria vinícola se intensificó y se comprobó que el tapón de corcho reunía excelentes condiciones físicas de ligereza, elasticidad (capacidad funcional de recuperar la geometría primitiva una vez cesada la causa de su deformación), impermeabilidad y resistencia mecánica y térmica.

La aparición de la industria corchera corresponde a la época moderna. Su desarrollo coincide con la desaparición o abolición de las estructuras gremiales nacidas en la Edad Media, es decir, se puede situar a finales del siglo XVIII cuando aparecen los primeros artesanos que se dedican a la fabricación del tapón de corcho, viéndose favorecida por la evolución del comercio que abrió nuevos mercados.


En España, varios autores sostienen que la industria nació en la provincia de Gerona (más concrétamente en la comarca del Ampurdán), introducida por los franceses en el siglo XVIII, no existiendo acuerdo sobre la fecha exacta de implantación, pero muy probablemente entre 1738 y 1750.


El uso de corchos en pistones para estilográficas poca relación tiene con el embotellado, pero, gracias al uso extendido de los tapones de botellas, nos facilita la búsqueda de un corcho de calidad sin gastar mucho dinero. Ciertamente resultan adecuados para su uso en émbolos.


El corcho.

El corcho es la corteza del alcornoque (Quercus suber). Es el tejido vegetal, formado por células muertas, que protege las partes vivas del tronco y ramas del árbol.

El alcornoque es un árbol longevo, tiene una vida productiva de 100 a 150 años, de madera durísima y se encuentra frecuentemente en la costa del mediterráneo.

La primera cosecha de corcho se extrae a los veinte años, pero hay que esperar dos décadas más, descorchando el árbol cada ocho años, para que el corcho esté en condiciones óptimas de utilizarse en sellos o tapones. Por lo que, un árbol tarda cuarenta años en dar su primera producción, y, a pesar del tiempo pasado, el producto obtenido es de baja calidad. Por si eso fuera poco, entre cosecha y cosecha debe esperarse entre nueve y diez años.



Estructura.

Está formado por pequeñas cavidades a las que se denominan células, por el parecido con las celdas de un panal de abejas. La disposición de las células sigue un orden riguroso de hileras radiales, semejante a los radios de una bicicleta, sin que existan huecos entre ellas.


Para que os hagáis a la idea, aproximadamente, el número de células de corcho por centímetro cúbico se aproxima a 35 millones.

 

 

Corte donde se ve la estructura de las células.

Atravesando la corteza del alcornoque, de espalda a barriga, se encuentran unos poros de tamaño y dimensiones variables, conocidos como lenticelas o lentículas, rellenos de un polvillo marrón-rojizo cuya finalidad es comunicar las zonas vivas del árbol con el exterior.

A menor cantidad de lenticelas mejor corcho para estilográficas.
Esos poros pueden dejar pasar líquido de un extremo al otro del corcho. Además, mientras le damos forma al sello, lo puede ayudar a fisurar, incluso partir.  Por lo tanto, el mejor corcho es el que no tiene lenticelas.


Propiedades del corcho.

Estas son todas las propiedades del corcho:
a) Ligereza.
Se debe a que el 88% de su volumen es aire, lo que se traduce en una densidad baja, comprendida entre 0, 12 y 0,24 Kg/litro.

b) Elasticidad.
La elasticidad es la capacidad de recuperar el volumen inicial tras sufrir una deformación que justifica, entre otras, su utilización en tapamiento.

c) Coeficiente de rozamiento elevado.
La superficie del corcho queda tapizada por microventosas que le permiten una gran adherencia y dificultan su deslizamiento.

d) Alta impermeabilidad.
La difusión de líquidos y gases a través del corcho es muy dificultosa, pero se efectúa rápidamente a través de los poros lenticelares y de forma extremadamente lenta a través de los plasmodesmos.

e) Gran poder calorífico.
La capacidad del corcho para generar calor es equivalente a la del carbón vegetal, alrededor de 7.000 Kcal/Kg.

f) Aeroelasticidad. Amortiguador de impactos.
La aeroelasticidad supone que la zona afectada por la deformación no es tan sólo aquella en la que se contacta sino que se extiende el efecto a las zonas colindantes, lo que permite una buena amortiguación de impactos.

g) Coeficiente de Poisson cero.
Cuando se reduce el volumen del corcho en una dirección no se produce deformación alguna en la dirección perpendicular, lo cual permite que absorba las deformaciones de los otros materiales en los que pudiera integrarse, como el caucho.

h) Fácilmente manejable o trabajable.
Modificando artificialmente el contenido en agua del corcho, mediante hervido por ejemplo, se facilitan los procesos industriales, principalmente los de corte, al volverse más blando y elástico.

i) Bajo contenido en agua.
La humedad de equilibrio del corcho con el ambiente, una vez eliminada la raspa, no supera el 9% de su peso, siendo normalmente del 6%. Esta baja humedad hace imposible la proliferación de microorganismos, lo que le confiere una durabilidad ilimitada.

j) Aislante térmico.
La función natural del corcho es proteger las partes vivas del árbol que lo genera. Su estructura alveolar (impidiendo circular el aire), el bajo contenido en agua y la falta de conductividad de sus compuestos le permiten cumplir su función de aislante de forma efectiva. Presenta una resistencia al paso del calor 30 veces superior a la del hormigón.

De todas las citadas sólo nos interesan su:
- Elasticidad, para que se adapte al diámetro interior del cuerpo y las pequeñas variaciones que pueda tener.
- Impermeabilidad, es obvio, para que no pase tinta a través del mismo.
- Trabajabilidad, se puede mecanizar con el uso de una simple lija.
- Durabilidad, que hace aguantar la fricción sufrida y el paso del tiempo.
- Y, a tener en cuenta, su alto coeficiente de rozamiento. Esto puede dificultar que el émbolo suba y baje con facilidad, pero se puede minimizar con el uso de lubricantes como grasa de silicona, por ejemplo.



La calidad del corcho, depende de la porosidad.

No todo el corcho que se obtiene es apto para tapones, incluso dentro de los válidos hay diferentes calidades. Es lógico encontrar grandes diferencias de precio entre los tapones de alta calidad y los de calidades inferiores.
La porosidad es uno de los factores determinantes de la calidad del corcho. 

Ya hemos visto que el corcho estructuralmente no es poroso. Sin embargo, son los poros lenticelares, que van de lado a lado, los causantes de su permeabilidad. 

1.- Corteza
2.- Lineas de crecimiento

3.- Lenticelas

















La cantidad de lenticelas aumenta según la posición que el corcho ocupe en el árbol, siendo más porosos los de las zona bajas que los de las altas. También varía con la calidad de la estación, pues en buenas calidades la actividad vegetativa es mayor y, por tanto, también lo son las necesidades de oxígeno. Además, a medida que se incrementa la edad del corcho, en las sucesivas capas que se van formando, disminuye la porosidad.  Así, la capa formada el primer año tras la saca es, generalmente, más porosa que la del noveno año. Por tanto, puede decirse que son menos porosas las últimas capas de corcho que las primeras.

El exceso de porosidad resta compacidad al corcho, por tanto, la calidad disminuye al aumentar el número de poros y el tamaño de éstos.



¿Dónde puedo encontrar corcho para sellos de estilográfica?

Vista la cultura del vino que hay en este país, tenemos la suerte de poder encontrar, con relativa facilidad, corcho en forma de tapón de vino. Es ahí donde podemos buscar. Pero no todos los tapones son iguales, por lo que conviene distinguir los diferentes tipos que hay en el mercado con el fin de elegir el adecuado para nuestros pistones de estilográficas, y descartar los que nos puedan ocasionar problemas.

Tipos de tapones de vino.

– Tapón natural. Es un producto 100% natural. Estos tapones se obtienen de la parte central de las láminas de la corteza del alcornoque. En este grupo existen diferentes categorías o calidades.
– Tapón Twin Top. Constituido por un cuerpo aglomerado y un disco de corcho natural en cada uno de los extremos.
– Tapón de tipo T. Tapón natural con cápsulas variadas que pueden ser de plástico, madera u otros materiales, concebido para el embotellado de vinos fortificados. Sus características principales son un sellado eficiente y una extracción manual sencilla.
– Tapón Neutrocork. El más reciente de los tapones técnicos, un producto de nueva generación se podría decir. Presenta como característica principal su gran estabilidad estructural. Se aconseja para vinos de consumo rápido pero que ya posean alguna complejidad.
– Tapón colmatado. Son tapones naturales de mayor porosidad. Se les da un tratamiento externo que mejora su aspecto visual y su prestación mecánica en el embotellado. Los poros del corcho son sellados en la parte externa.
– Tapón aglomerado. Este tipo de tapones es apropiado para vinos de consumo rápido. Su relación calidad-precio es muy buena. Es fabricado con los restos de la lámina de alcornoque, una vez que se cortan o sacan los corchos naturales y los colmatados.
- Screw-Cap (Tapón de rosca). La cápsula metálica de rosca se abre sin necesidad de sacacorchos. Cierre hermético, las botellas pueden almacenarse verticalmente y no imprimen ningún olor al vino.


¿Entonces, cuál es el mejor corcho de vino para estilográfica?

Descartando el tapón de rosca y el Neotrocork, que no son de corcho, vamos a analiza uno por uno en busca del mejor.

- Los aglomerados se trabajan bien pero son poco estables, se deforman con el paso del tiempo. Si los hervimos en parafina, con el fin de hacer un sello estanco, se puede llegar a hinchar de forma irregular. Descartado.
- Los colmatados, son tapones a los que se les tapa el orificio exterior de los poros. A pesar de que no se vean por afuera siguen estando ahí dentro. Estos corchos con poros abundantes hay que descartarlos, ya que con ellos no se consigue un sello macizo. Descartado.
- Tapones de tipo T. Es difícil encontrarlos sin haber sido usados y son más caros. Además, su calidad de corcho puede ser variable. Mejor mirar otros.
- Tapón Twin top, o de doble tapa. Está claro que la parte aglomerada no es adecuada, pero las partes de la tapa sí que son aprovechables. Habría que ver si la cantidad de poros que tiene no es excesiva. Antes de elegir este veremos si hay otros mejores.
- Tapón natural, vistos los descartes, todo apunta a que este es el mejor corcho. Y lo es, ya que es macizo y con pocos poros, según los estándares del embotellado. Pero la búsqueda no acaba aquí, ya que, dentro de los naturales, se catalogan en diferentes calidades.



Calidades del corcho natural.

– El corcho flor. No tiene fisuras, muy compacto, de producción limitada solo para vinos de gama alta.
– Extra. Muy pocos defectos no superan el 3%, compactos, pueden tener marcas que no llegan a ser fisuras.
– Superior. Con pequeñas imperfecciones que no llegan a ser graves y no superan el 7%, su porosidad es densa aunque sus poros se aprecian fácilmente. Se emplea en vinos de calidad de gran consumo.
– Segunda, tercera y cuarta categoría. Son de baja calidad.


Por lo tanto, si queremos un buen corcho para las estilográficas de émbolo, tendremos que buscar un corcho natural y, a poder ser, de primera flor. 



Una forma de hacer los sellos.

Hay muchas formas de hacer un sello para estilográfica. El que yo propongo es bastante sencillo, para ello hace falta:

- Un corcho de vino, a poder ser primera flor.
- Un cúter.
- Un sacabocados o un taladro con broca para madera.
- Un calibre para tomar medidas.
- Lija de 150.
- Grasa de silicona.


Algunas plumas de émbolo son sencillas de desmontar, ya que van a rosca y no están muy duras. El émbolo que se muestra en la foto corresponde a una de ellas. 



Antes de empezar a cortar hay que medir el diámetro interior y grosor de la pieza donde irá ubicado el nuevo sello.


Primero, con ayuda de un cúter, se corta una rodaja al corcho de vino, un poco mayor que el grosor del sello original.



Con un sacabocados o perfora-corchos hay que hacer el agujero interior. También se puede hacer con un taladro y una broca para madera.



La dirección de las lenticelas también es importante. Tienen que ir en sentido perpendicular al eje del émbolo. Si son paralelas dejan pasar tintan del depósito de tinta al interior, donde está el mecanismo del pistón. También dificulta el proceso de fabricación, ya que debilitan la sección del corcho, pudiendo llegar a partir el sello.



Con ayuda de una lija, también hay limas metálicas, se lija la perforación hasta ajustarla al diámetro del vástago donde va a ir encajado.

En la foto el corte de sello encajado en su lugar definitivo.


Hubo una época en la que también hacía el exterior, pero ya no lo encuentro útil dado que se terminaban desgarrando o rompiendo.  Ahora prefiero cortar los lados sobrantes con el cúter, dejando una figura poligonal, como se ve en la foto.  




Con ayuda de una lija de 220 lo voy redondeando.

Acabo con una lija de 400 para darle un acabado fino.
Según se va lijando es muy importante ir probando que el sello sea del diámetro adecuado, que no vaya muy ajustado ni demasiado holgado. Hay que ir probando.



Al final, así queda el sello después de trabajarlo, al lado de dos sellos viejos.


Sólo queda montarla y darle un poco de grasa de silicona antes de encajarlo dentro de la pluma.






Después de todo sigo teniendo algunas dudas:

Corchos merman al ser hervidos ¿Es conveniente hervirlos antes de hacerlos? 
¿Reblandecen el corcho, haciéndolo menos quebradizo?
Los corchos usados son más duros, porque están comprimidos ¿Son mejores, o son más quebradizos?
Hervirlos en parafina ¿Sirve para algo aparte de tapar poros? También se encojen.
Corchos Neutrocork ¿Valen para sellos?


Espero sirva a alguien, y si, de paso, me respondéis a las preguntas mejor que mejor.

martes, 7 de octubre de 2014

¿Se puede definir con objetividad la flexibilidad de un plumín? Estos son mis flexibles.

¿Se puede definir con objetividad la flexibilidad de un plumín? Es la pregunta que me he planteado muchas veces, ya que es una cualidad buscada en las plumas antiguas, y algunas modernas, y poca gente sabe definir. Seguramente sea porque depende de opiniones subjetivas. 
Mucha veces hablamos de esta cualidad de una forma genérica, pero la verdad es que hay pequeñas variantes que hacen que cada pluma tenga su propia personalidad. Quizás, si analizamos esas pequeñas variaciones podremos acotar lo que es la flexibilidad. Puede que haya más, pero son tres los parámetros en los que me fijo a la hora de buscar una flexible:

 - Empiezo por la flexibilidad, que, aplicado a las plumas, es la facilidad con la que los gavilanes se deforman aplicando la mínima presión. Así lo entiendo yo.
 - No confundir con la variación de trazo, que tiene mucha relación con la flexibilidad pero no es lo mismo. Hay muchas plumas semi-flexibles, donde hay que ejercer bastante presión para que se abran los gavilanes, cuya variación de trazo es alta. Pues bien, viendo la anchura resultante de la línea trazada pueden parecer muy flexibles, pero en realidad no lo son. Hay que tener cuidado con eso. Por otra parte, cuando encuentras una flexible con mucha variación de trazo has encontrado una gran pluma.
 - No obstante, todas esas flexibles con gran variación de trazo no valdrían nada si no tuviesen un caudal adecuado a la demanda del plumín. Una pluma con poco flujo, que no aporta suficiente tinta, hará carriles en el papel; me refiero a la marca que dejan la punta de los iridios mientras ejercemos presión sobre el papel y no llega la tinta hasta el la punta de los mismos.
Por lo tanto, el flujo es la tercera cualidad que tenemos que buscar si queremos una auténtica pluma flexible. 


Hace tiempo, entre todas las plumas que tengo, me puse a buscar el plumín más flexible. Estas son las fotos de aquella busqueda:



De arriba a abajo:

- Matador 90 B
- Osmia 884 BL
- Swan 3260 B
- Webster con plumín Warranted F
- Weltpen F



Matador 90 B - Parker Quink azul



Osmia 884 BL - J.Herbin Lierre Sauvage


Swan 3260 B - Pelikan Edelstein Topaz


Webster con plumín Warranted F - Diamine Graphite



martes, 30 de septiembre de 2014

Omas Vintage Paragon - ARCO VERDE

Esta Omas Arco verde es una re-edición de la Paragon verde que salió en 1991. De la misma manera, aquella estilográfica se parecía al modelo Extra que, el fundador de Omas Armando Simoni, lanzó al mercado en 1931. Inspirado en las columnas dóricas, diseñó una pluma con cuerpo de celuloide de doce caras, carga por palanca y con greca con dos anillos en el capuchón.
A día de hoy, aquella pluma que en origen fuera denominada Extra, no ha cambiado mucho su diseño y es más conocida como Paragon. Salta a la vista que, todas ellas, tienen su origen en aquella "vintage" del 31. 

De ahí su nombre "Omas Vintage Pargon". Arco verde, por otra parte, es el nombre del celuloide que se ha utilizado. 


La estilográfica que muestro se lanzó en el 2013. Se fabricaron tres ediciones, cada una con diferentes terminaciones; de oro, de paladio y de rutenio. Es una edición limitada a 80 unidades por cada terminación. 
La que muestro, en concreto, es la versión acabada en paladio.

Carga a émbolo, que se acciona desde el culote.

Espero os guste.


Tiene un plumín de 18 kilates, cubierto de paladio.


Las terminaciones rodiadas, tanto del plumín como el anillo y clip del capuchón, contrastan con la profundidad del celuloide Arco Verde. La combinación de estos materiales fue lo que me sedujo de esta pluma.
El celuloide, del que está hecho, se raya con relativa facilidad.


Lo que más me gusta es su húmeda escritura. Es tal que el flujo que aporta el alimentador te permite escribir sin presionar.
Tiene un plumín que, si ejerces presión al escribir, te aporta cierta variación de trazo. Sin llegar a ser semi-flexible, resulta muy cómodo para escribir.
Eso sí, no son plumines aptos para ser flexionados, ya que, de llevarlos al límite, sus gavilanes se pueden llegar a doblar. 




jueves, 25 de septiembre de 2014

A.W. Faber 994

Esta es una de esas clásicas plumas alemanas, me refiero a esas negras con terminaciones doradas. Es una A.W. Faber 994 en punto F. El modelo, en concreto, tiene una ventanilla color ámbar y carga tinta mediante embolo. El plumín, junto con su alimentador, es la estrella de esta pluma. Es un punto fino, que sin llegar a ser semi-flexible permite cierta variación de trazo.


Poco más puede decir de este modelo de pluma, ya que no he encontrado mucha información, o no he sido capaz. En el siguiente hilo se habla del posible año de fabricación, del origen del nombre A.W. Faber, de su historia, y mucho más: 

http://estilograficas.mforos.com/1176624/11394148-aw-faber-994/

Espero os guste.














De arriba a abajo, A.W. FABER 994 y Pelikan 400.
Como curiosidad, en esta pluma he invertido varias horas antes de ponerme a escribir con ella; mientras la buscaba, mientras la reparaba, mientras le sacaba fotos, mientras buscaba información del modelo, mientras escribía esta entrada... Lo que me causa curiosidad es que, todavía, he esperado varios días más antes de cargarla de tinta y ponerme a escribir con ella, fin para el que se creó la estilográfica. De ahí que deduzco que no solo disfruto con la escritura.